Colaboraciones

Canas en el copete

Posted by J. A. San Rome | abril 24th, 2013 | No responses

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     El sexenio de Calderón terminó hace un par de meses y, para cerrar con broche de oro, el expresidente se despidió con una imagen donde un hombre, con pistola al cinto, arrastra a un perro por el cuello para retirarlo del lugar al que Calderón llegaría para entregar un hospital; rápidamente, la imagen se difundió en las redes sociales y el repudio ante tal acción no se hizo esperar. Este pequeño incidente puede resumir el calderonato: violencia, violación de los derechos humanos, miedo a transitar por las calles y manifestarse… Afortunadamente, el bien llamado “Sexenio de la Muerte” ya no existe. Ante esto sólo nos queda decirle a Calderón que nadie, ni los perros, se libraron de la violencia que marcó su  mandato.

   Como es natural, cuando un presidente se va, llega otro, y el que ha llegado también hace lo suyo para brillar con luz propia. Una semana antes de que Enrique Peña Nieto asumiera la Presidencia de México, se montó un aparatoso y costoso operativo de seguridad que incluyó el cierre de estaciones del metro, accesos controlados a las colonias aledañas al Recinto Legislativo de San Lázaro, patrullajes por tierra y aire… en resumidas cuentas: policías y soldados por doquier, listos para reprimir cualquier acción que empañe la divertida e irónica toma de protesta de un hombre que ha marcado su carrera política por el exceso de violencia y por los gastos excesivos en la proyección de su imagen.
 
   ¿Qué será peor: decirle adiós al Sexenio de la Muerte de Calderón o darle la bienvenida al Sexenio Estilo Díaz Ordaz de Videgaray-Salinas? Lo único seguro es que la estela de muerte que deja Calderón le servirá a Peña Nieto para poder ocultar sus acciones, porque para crear distracciones bastará con que se presente en público, pues está claro que es y será el presidente más ridiculizado y “pitorreado” de la historia de México. Hay que destacar que su trabajo le ha costado ganarse tan especial lugar. Seguramente Videgaray, de quien se rumora que le dice a Peña Nieto incluso qué color de corbata ponerse, tendrá mucho trabajo gobernando México y tratando de reparar las metidas de pata de su pupilo.
   Este sexenio dará mucho de qué hablar, pues hay una extraña mezcla entre el ímpetu de los jóvenes políticos del PRI y la vieja guardia del mismo partido. El panorama no luce nada sencillo, pues ni los nuevos ni los viejos querrán ser quienes reciban órdenes, así que no habrá de extrañarnos que la cacería de brujas y los extraños accidentes vuelvan a ser noticia de primera plana.
   Se fue Calderón, el asesino, el alcohólico, el espurio…, y ahora los mexicanos le damos la bienvenida a Peña, el asesino, golpeador de mujeres, el ignorante, el copetes… A estas alturas, quizá en México lo más importante no es quién se va ni quién entra; lo medular es cómo y de qué modos y maneras se habrá de serenar a la gente que no ve ni cree ni respeta ya a ninguna figura como autoridad en México. Esto es algo preocupante, pues como se ha visto Peña Nieto no tiene el talento, carece de los tamaños y la habilidad para resolver conflictos: Atenco, la falta de seguridad, el desempleo, cero crecimiento económico, nepotismo, tráfico de influencias y delincuencia organizada están en su catálogo de soluciones que funcionarían en el México de Díaz Ordaz, pero no en este México donde ya no asusta un halconazo, un desalojo violento, la toma de alguna universidad pública, donde cada vez son menos los que se vende por una “tarjeta” pero, sobretodo, donde los jóvenes se organizan a través de las redes sociales y han hecho caer gobiernos dictatoriales como el de Egipto.
   Algo es seguro, Peña Nieto: antes de que cumplas un año tu copete estará lleno de canas.