Cuentos
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Carta al monstruo

Posted by J. A. San Rome | octubre 16th, 2014 | No responses

a Oscar, a quién más.

¡Qué fácil hubiera sido la vida sin ti! Si tú no hubieras existido, la vida habría sido tan tranquila, recatada, anónima… Pero aquí estabas y a pesar de llegar primero, siempre fuiste un desconocido. Un monstruo.

No recuerdo precisamente cuándo o cómo llevaste a casa esos libros de portada negra, lo que sí sé es que nunca te imaginaste que me cambiarias la vida. Nos cambiaras la vida… ¡Tú eres el culpable de que yo tenga este tipo de vida!

Si tú no hubieras llegado con tus sueños de conocer el mundo, de leer, de escuchar esa música y esos músicos de Hijo de la derrota y el alcohol, sobrino del dolor, tuviste por escuela una prisión, por maestra una mesa de billar… ¡Qué fácil hubiera sido mi vida!, esa vida de la que tú me sacaste, la que no te gustaba, la que no te pertenecía y por lo tanto a ninguno de nosotros.

No conforme con todo lo que habías provocado, un día te fuiste. Ibas en busca de un no sé qué… De ti, de nosotros… A las pocas semanas llegó tu carta: “Estoy en New York, en dos semanas me voy a Europa…” ¡Tú eres el culpable de que yo también empezará a soñar!

Regresaste, eras la admiración de todos, el orgullo de papá, aunque sé que él jamás te lo dijo, pero tú lo sabíasy por eso precisamente te culpo. ¡Quién no hubiera querido ser tú!

Me destruiste la vida que conocía, la que ellos, nuestros padres nos enseñaban: la de hijo, de escuela, de coger y casarte.. y a cambio me abriste los ojos a algo que no conocía y me enseñaste otra vida, otro yo, me hiciste salir de la isla… Me cambiaste el Archí y El Vaquero por es viejo ciego con su: He cometido el peor de pecados, que un hombre puede cometer. No he sido feliz… ¡A ti te hago responsable de lo que soy, a ti y sólo a ti te culpo! Ni Archí ni Condorito habían cometido pecado alguno, ellos eran felices y me hacían feliz: ¡Tú, me aniquilaste esa felicidad de monos coloreados!

Ahora tengo más de cuarenta años y mi vida no tiene sentido. Estoy perdido: “¿De qué te sirve leer todos esos libros? ¿Sabes por qué te dejó tu vieja? ¿Eres pendejo, ponte las pilas?” Todas estas preguntas me las hiciste hace tiempo, no te diré las respuestas, pero te aseguro que ahora las sé.

¿Qué hago con esta vida que tú me enseñaste? Más valdría que tú nunca hubieras sido mi hermano, así ese día de marzo no te hubiera tocado vivirlo, tampoco habrías sabido de mi hijo y yo no tendría que haber llorado frente a ti. Así, yo seguiría siendo el fuerte de la familia, así yo no tendría por qué estarte escribiendo, así…

Malditos sean todos esos escritores, toda esa música, todos esos lugares que conocí por ti y que nos volvieron indescifrables y soñadores. ¡Malditos sean!

Ahora, después de mucho tiempo, entiendo por qué odiabas al señor Chen, ese chino de la lavandería en New York, también entiendo tu cobarde retirada llena de valor al dejar a papá agonizando en el hospital y no volverlo a ver. Ahora te entiendo pero todavía no logro descifrarte…

Me escribiste en una de tus tantas cartas:

Querido hermano.

Espero encuentres lo que buscas y que este golpe que te dio la vida se lo devuelvas en el sentido de lo que eres y sabes ser… tu regalo:un billete de 100 dólares y Los Evangelios para Sanar…

El libro lo leí  y con el dinero compré un poco de comida y varias de botellas de whisky, cuando no había ni billete ni whisky no me quedó más que preguntarme y preguntarte ¿qué busco?, ¿cómo regresarle a la vida los golpes?

Me siento perdido y estamos lejos, tan lejos que somos como un par de desconocidos que lo único que comparten es el apellido y la sangre… Hoy sólo te puedo decir, que al igual que el viejo ciego: Si pudiera volver a vivir la vida, esta vez la viviría más intensamente, correría más riesgos, iría a más lugares… y te pediría, sin duda, que volvieras a ser mi hermano.

 

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