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Madiba: Poesía de Vida

Posted by J. A. San Rome | diciembre 11th, 2013 | No responses

 
 

Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses, si existen,
por mi alma invicta.

   La anterior estrofa de la poesía “Invictus” de William Ernest Henley que Nelson Mandela leyó y releyó mientras estuvo preso, resume a la perfección su filosofía de vida: Tener la esperanza de que un mundo mejor es posible sin derramar una gota de sangre; aprender que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el mismo.

La muerte de Nelson Rolihlahla Mandela “Madiba” como también era conocido, ha puesto de moda los principios —esperemos que no sea sólo por un par de semanas— de igualdad, derechos humanos, democracia, respeto… Los medios de comunicación e Internet  están inundados de elogios. Todo mundo habla de la pérdida de un gran hombre, de un ejemplo a seguir, y eso es cierto. Pero Mandela murió a los 95 años, y en ese tiempo muchos de los que asistieron a su funeral, muchos de los que hoy lo elogian han traicionado a la democracia, han segregado a sus ciudadanos, han derramado la sangre de inocentes… han ignorado todo por lo que luchó y vivió Madiba…

Caído en las garras de la circunstancia,
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

   Nadie hablaba de Sudáfrica después del Campeonato Mundial de Futbol; nadie hablaba de Sudáfrica antes del día 5 diciembre; nadie —o muy pocos— reconocían el legado de Mandela. Muchos de los líderes políticos que asistieron al Estadio Soccer City de Johannesburgo, para homenajear al Nobel de la Paz, tienen a sus países sumidos en un apartheid. Ironía de la vida, sacar provecho de la muerte, homenajear a quien sería su enemigo, a quien hubiera luchado para que ellos jamás hicieran el daño que le hacen a sus naciones, a quien hubiera luchado porque la ignorancia no gobernara… Madiba, si la reencarnación existe México es un buen lugar para seguir tu obra.

Más allá de este lugar de lágrimas
e ira 
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años,
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

 

    Mucho se dirá y escribirá sobre Nelson Mandela, pero la mejor manera para describirlo, vivirlo y sentirlo es sin duda lo que dijo en el banquillo de los acusados en el juicio de Rivonia en 1964 en el que enfrentaba la horca por actos de sabotaje contra el gobierno del apartheid: “He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros; he deseado una democracia ideal y una sociedad libre en que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades; por este ideal quiero vivir y también, si fuese necesario, estoy dispuesto a morir por él”, y así fue, los 27 años que pasó en prisión acusado de traición y terrorismo —hasta por Estados Unidos y la Organización de Naciones Unidades (ONU)— no lo hicieron traicionar sus creencias de lo que tenía que ser la vida, no lo hicieron olvidar sus ideales, pero sobre todo jamás dejó su destino en manos de sus enemigos…

No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

   Raúl Castro pronunció en su intervención en el homenaje a Nelson Mandela, las palabras —que a mi parecer— deberían estar grabadas en todos los congresos y parlamentos de los países que se consideren realmente democráticos: “Fidel dijo que Mandela no pasaría a la historia por los 27 años de cárcel, lo hará porque se arrancó del alma el veneno de su castigo. Honor y gloria para Mandela y el pueblo de Sudáfrica”.